Toda sensación caribeña me trae el mismo recuerdo, mi memoria me remonta 10 meses atrás, en donde no solo una asado compartido fue el entretenimiento, sino que entre costillas y titiriteos surgieron ideas revolucionarias, mejor dicho TEORIAS fantasticas.
Si tan solo se transcribieran los recuerdos de esa noche, un Borges podría quedar eclipsado detrás de unos libros viejos. Si tan solo ese asado lo hubieses pagado VOS, indisctutiblemente hubiese pasado a la historia. Pero no fue así, no sobro papel en donde escribir, lo usamos todo para abrigar nuestras camperas, evitando así la desgracias de que este maldito invierno nos arrebate la vida.
No quiero adelantarme en sucesos, la historia no arranca así. Fuí citado a las 22 hs en punto, un penetrante viento de invierno me caló el alma en los 10 minutitos que tardaron en abrirme. Error de mi sana puntualidad es haber confiado esa noche en las torcidas bocas que me conducieron frente aquel tugurio. Como imaginarlo, eso ni pensarlo, ahora me pregunto: ¿Cómo mierda no se te ocurrió decirle a tus padres que organizaste un asado? Será cosa del destino o de la indigna racionalidad secuestrada que el único sitio para albergar nuestros pesares se encontraban en el fondo del patio. Allí, en esa lúgumbre se hiba a desempeñar mismisimos infortunios. Alma desolada y congelada la mia, esperando desesperadamente la llegada de los demás testigos;en lamentos y castigos, minutos muertos y ultrajados se convirtió mi vida, los impuntuales tardaron mas de hora en llegar (gracias lobo).
El “indeseable” luchaba con las llamas del asador, como El Quijote con sus molinos de viento, pero en lugar de un Sancho Panza audaz y fiel, estaba el perro boludo con su aliento impertinente. El hombre que esta solo y espera es sin dudas el titulo de mi desventura. No desesperar frente a los avatáres que nos impone la vida, era la voz de mi conciencia que peleaba corajudamente con mi llanto.
Sacando calculos, creo que Colón nunca se hubiese imaginado tal episodio, de lo contrario no encallaba en América, no la hubiese pensado conquistar. Si le cuento esto a San Martín, antes libertar Argentina, hubiese vuelto a Europa. Es más si Truman (presidente de EEUU en 1945) hubiese sospechado, mandaba a tirar la atómica en Argentina. Si hubiese sacado calculos me quedaba en mi casa leyendo “Las mil y una noche”.
Genialidades si las hay, un golpe de fortuna me llevo a presenciar un antes y despúes en la historia de la humanidad. Ya había escuchado algo de la teoria de la relatividad, la teoría evolucionista y la teoría cuántica, pero nunca “LA TEORÍA DE LA TELA”. Por temer a esplayarme demasiado, dejo en manos de un profesional habilitado y capacitado para que hable del tema.
Quedate tranquilo, no me olvide de vos, siempre estas presente, de una u otra forma apareces. Las campanas marcan la hora exacta para que aparesca el Dr Jekyll y Mr Hyde; en relidad, decir que las campanas marcan la hora exacta es un forma de literalizar lo illiteralizable. Bueno vamos de nuevo: El alcohol y los vicios marcan la hora exacta para que aparesca el Dr Jekyll y Mr Hyde. Con su mirada perdida en el fondo de un vaso y su lengua suelta en busca de un insulto hacia el más preciado de sus hermanos. Jack el destripador para las mujeres y el empleado de lentes frente a una computadora encargado de las crónicas deportivas.
En definitiva dos caras de una misma moneda, dos hermanos infranquebles. Todas las noches la historia se repite, uno con agua otro con vino brindan por la amistad. Dr Kekyll junto Don Quijote y Mr Hyde junto Sancho. Dos caballeros y dos bestias, la doble cara de un relación de amor.