Si mal no recuerdo, la historia comienza en el mismísimo minuto que se me ocurre organizar un asado. Parecía una tarde sorprendente, una brisa suave de viento soplaba dejando una temperatura óptima para cenar al aire libre. La tarde estaba llegando a su fin y un par de muchachos aventureros fueron de compra; en solo segundos ya tenían todo cargado. Tan solo antes de llegar, el fuego relucía sus espléndidos colores amarillos que decoraban las grises paredes del asador. Manos a la obra, algunos limpiando la ensalada otros salando la carne y algunos sirviendo de beber. Tal era la sincronización que me hacía recordar al funcionamiento de un reloj a cuerda, en donde cada pieza ejecutaba con firmeza su labor. Fue una tertulia cálida, donde no faltó motivo para festejar y reír. Luego de poner en orden el lugar del festín los muchachos se retiraron dándose furtivos abrazos de despedidas
La ingenuidad del lector permite caer en la trampa de mi memoria, ¿cómo se les ocurre pensar que un asado va a ser tan sencillo? De ninguna manera sucedió así, es solo una estrategia de evasión para no tener que enfrentar la mismísima realidad. Nunca puede ser tan sencillo si entre los invitados figuran: Juan Carlos, Barni Gómez, El jardinero, Jack el masturbador, Leche y Hannibal Fassi.
El Jardinero, muchacho fiel (a su olvido), tenía la particularidad ser un gran admirador de la estupidez humana; ponía todo su potencial en admirar al gran Juan Carlos (que lejos de ser Rey de España era un pelotudo). Tal es así que hizo el sacrificio de sentarse a su lado.
Barni, con su astuta disconformidad largaba aullidos de protesta frente a la escasez de su elixir vital: el alcohol. ¿Pero como conformarlos? ¡¡¡Si hay quienes proclaman que las grandes comilonas se hacen tomando agua de la canilla y comiendo arroz seco!!!
En definitiva la cena terminó teniendo tres presupuestos: el económico, el normal y el súper alcohólico. El día de hoy sigo sin entender las operaciones algebraicas que esa noche se hicieron para calcular los trozos de carne comidos y la bebida impartida.
El jugador más astuto de esa noche fue Jack, quién logro liberarse de los castillos y pañales que lo hacían esclavo en su pronta juventud. ¡¡¡Ahora entiendo porque llegó sin avisar que asistiría!!! Su escape fue un repentino golpe de suerte.
Mientras los minutos de ahogaban en vasos oscuros, el tiempo se camuflaba entre partidas de blackjack. A la obra le faltaba un protagonista: Hannibal Fassi. Su principal característica es comer seres humanos, aunque tiene preferencia por comer prostitutas y travestis. La circunferencia cerebral deja al descubierto su capacidad de almacenar ideas obscenas para luego internarse en algún baño extraño y descargar contra sí, toda la furia instintiva de un animal en celos.
Basta… memoria ingrata, ¿quién te permitió expresarte de esa forma? Por más que insistas en que los hechos contados y personajes descriptos sean obra de tu imaginación no opaca cualquier coincidencia con la realidad. ¿Quíen te crees que sos para sembrar la duda en el lector?
Memoria… maldita memoria, ¿quién te crees que sos? Porque tan solo tenés el poder de recordar, ¿te crees con el derecho de entrar en mi cabeza y hostigarme con la vergüenza de un pasado erróneo?
Quizás la mejor forma de olvidar es romper las ataduras del silencio y poder así expresar el sin sentido de los días inacabados. Gracias memoria querida por seguir obrando infielmente, porque el beneficio de la duda me deja sin certezas. No hay mundo más extraño que el mundo de la incertidumbre.
Escrito por Fede
Escrito por Fede