Como cosa del destino, al sumo pontífice se le dio por extender su reino en una pequeña ciudad al sur de Italia, vaya coincidencia, que en esa ciudad se alojaba el personaje principal de nuestro relato. Luego de inyectarse en sangre un litro del mejor alcohol fue escoltado por la guardia imperial hasta el aeropuerto más cercano. Una nueva travesía le esperaba, poseía la inmensa necesidad de que un Bush no juegue a los soldaditos con un Ben Laden y se les dé por derribar aviones.
Tradicionalmente se lo espera, queriendo festejar la amistad con un asado a punto. Si la memoria no me falla, el punto era que un desconsiderado en el día de su cumpleaños derramó un par de lágrimas al saber que no tenía otra alternativa más que agasajar a sus invitados. Fue un día con fortuna de muchos y desgracia de uno solo, llegaste en la fecha indicada.
Todos sabemos de tu calendario, quizás los Mayas se hayan basado en los astros, pero vos adoptaste el arte culinario. El funcionamiento es muy sencillo: un Kg de grasa corporal por día de residencia en suelo argentino. Las agujas marcaron el peso exacto de tu regreso, apenas 120. Pero nadie duda de tu profunda generosidad: querías darle más trabajo a tus preparadores físicos; dicho sea de paso, Tuco no quedó muy conforme con su labor preparatorio.
Todos acá comprenden tus altos picos de stress y tus madrugadas de trabajo, es por eso que está de más decirte lo bien que hiciste en tomar un avión, viajar 10000 Km para ir a un lugar “de mierda”, renegar con una negra pelotuda, hacer una obra de beneficencia entregando tu billetera y la máquina de foto a un norteamericano delincuente para que vaya a la esquina y lo cambie por paco. ¿Era necesario todo eso? Yo creo que sí, de lo contrario no sería amigo nuestro. Si de amigo hablamos, aprovecho la ocasión para agradecer la holgada remera de los Boston, apenas la recibí pensé que era para mi sobrinito, pero luego de ver la cara desilusionada de quien me la acababa de regalar comprendí que era para mí.
No conforme con sus pesares en tierra extranjera decide probar suerte en sus pagos. Con arrogancia desmedida, viste de cuero y pepes lustrados, conduce un auto decente y regala a sus súbditos monedas de 1 Euro. En tono burlesco y mirada ahogada de Fernet emprende la marcha hacia el campo de batalla. Al principio mostrándose un poco inseguro, pero poco a poco fue llenándose de confianza. Como buen perro de caza, que apunta a sus presas al cazador más hábil de su estirpe, recibió la mejor recompensa. Dicho hábil cazador puso en juego una de sus terribles mañas, susurrándole al oído de una bella mujer: “lo que tiene de alto, lo tiene de tímido”. En gustoso momento, coralmente se escuchó de fondo un graciassssssssssssssssssssss.
Cansado de sus avatares y sus peleas sin derribar al enemigo, no tuvo más opción que tirar a mansalva, sin discriminar edades, género y estado civil. Con escasa puntería decidió poner práctica una nueva estrategia, aprendida de una antigua tradición Azteca: hablar en todos los idiomas posibles (español, portugués, italiano e inglés). No resultó muy efectiva que digamos, me acosté a las 8 de la mañana por esperar a que semejante personaje se convenciera de que no le iba a dar bola, por lo menos hasta que ella cumpla la mayoría de edad.
Así fuero pasando los días, concluyó el día del amigo con grandes festejos. Las malas lenguas comentan que algunos individuos comenzaron a festejar cinco días antes. En definitiva, el tiempo pasó volando, sin darnos cuentas nuestro querido amigo y compañero apodado “el gordo” tenía que volverse a Italia.